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Hábitos saludables para volver a la rutina este otoño y conocernos mejor

Mujeres practicando running en un entorno natural

Septiembre suele marcar un antes y un después en el año. Después de los horarios más relajados del verano, las vacaciones, los viajes y los cambios en nuestras rutinas, llega el momento de volver al trabajo, a los estudios y a las obligaciones cotidianas.

Pero la llegada del otoño no tiene por qué significar simplemente “volver a hacer lo de siempre”. Puede ser una buena oportunidad para pararnos, observar cómo estamos y recuperar aquellos hábitos que nos ayudan a sentirnos mejor.

El cambio de estación nos invita, además, a prestar atención a nuestros ritmos. Cambian las horas de luz, la temperatura, nuestra alimentación y, en muchas personas, también el estado de ánimo, el descanso o los niveles de energía.

Por eso, la vuelta a la rutina puede convertirse en algo más que organizar horarios: puede ser un momento para volver a conectar con nuestro cuerpo y aprender a escucharlo.

¿Por qué nos cuesta tanto volver a la rutina después del verano?

Durante el verano es habitual modificar nuestros horarios. Nos acostamos más tarde, comemos a horas diferentes, viajamos, hacemos más vida social o reducimos nuestra actividad habitual.

Cuando llega septiembre, el organismo necesita adaptarse de nuevo. Recuperar los horarios de sueño, organizar las comidas, volver al ejercicio o asumir de nuevo las responsabilidades puede generar cierta sensación de cansancio o estrés.

Por eso, uno de los errores más habituales es intentar recuperar todos los hábitos de golpe. La alternativa puede ser mucho más sencilla: volver progresivamente a una rutina que tenga en cuenta nuestras necesidades reales.

8 hábitos saludables para afrontar la llegada del otoño

  1. Recupera progresivamente unos horarios regulares de sueño

El descanso es uno de los pilares fundamentales del bienestar. En lugar de intentar cambiar radicalmente los horarios de un día para otro, puede ser más fácil adelantar progresivamente la hora de acostarse y mantener horarios relativamente estables para levantarse.

También puede resultar útil crear un pequeño ritual antes de dormir: reducir el uso de pantallas, bajar la intensidad de la luz y reservar unos minutos para desconectar de las obligaciones del día.

Dormir bien no consiste únicamente en acumular horas de sueño. También es importante favorecer unas condiciones que permitan un descanso reparador.

Mujer durmiendo plácidamente en la cama

  1. Vuelve a organizar tus comidas

Durante las vacaciones es frecuente que cambien nuestros horarios y que aumenten las comidas fuera de casa. La vuelta a la rutina puede ser un buen momento para recuperar cierta estructura en la alimentación.

No se trata de comenzar una dieta restrictiva después del verano, sino de volver a una alimentación variada basada en alimentos frescos y de temporada.

El otoño ofrece una gran variedad de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y otros alimentos que pueden formar parte de una alimentación equilibrada.

La alimentación saludable no debería entenderse como un castigo después de los excesos del verano, sino como una forma cotidiana de cuidar nuestro organismo.

  1. Aprovecha los alimentos de temporada

Cada estación nos ofrece alimentos diferentes y el otoño no es una excepción. Calabaza, boniato, setas, granada, uvas, manzana, pera, frutos secos o verduras de temporada pueden incorporarse fácilmente a nuestra alimentación.

Consumir productos de temporada permite, además, recuperar una relación más consciente con la alimentación y con los ritmos de la naturaleza.

Frutas de temporada con uvas, manzanas, peras y calabazas

  1. Retoma la actividad física sin exigirte demasiado

Si durante el verano has reducido tu actividad física, septiembre puede ser un buen momento para retomarla.

Pero tampoco es necesario empezar con objetivos demasiado ambiciosos. Caminar, montar en bicicleta, practicar yoga, nadar o realizar ejercicios de fuerza son algunas opciones que pueden adaptarse a diferentes personas y circunstancias.

La clave está en encontrar una actividad que podamos mantener en el tiempo.

La mejor rutina de ejercicio no es la más exigente, sino aquella que podemos incorporar de manera sostenible a nuestra vida.

Dos mujeres caminando al aire libre junto al mar

  1. Presta atención a la salud digestiva

Nuestra alimentación, el estrés, el descanso y los horarios pueden influir en cómo nos sentimos a nivel digestivo.

La vuelta a la rutina puede ser un buen momento para observar cómo responde nuestro organismo ante determinados alimentos y hábitos. ¿Tenemos digestiones pesadas? ¿Nos sentimos hinchados? ¿Nuestro ritmo intestinal ha cambiado? ¿Comemos demasiado deprisa?

Observar estas señales puede ayudarnos a conocernos mejor. Y precisamente aquí encontramos uno de los principios más interesantes de la naturopatía: aprender a observar a la persona de una manera global.

  1. Observa cómo influye el estrés en ti

El estrés no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. En algunas puede aparecer como dificultad para dormir; en otras, como tensión muscular, cambios en el apetito, irritabilidad, cansancio o molestias digestivas.

Por eso, más que buscar una solución universal, puede ser interesante aprender a identificar cómo responde nuestro propio organismo ante las situaciones de estrés.

Esta capacidad de observación es una herramienta muy valiosa para desarrollar un mayor autoconocimiento.

Grupo de personas participando en un taller de bienestar

  1. Conoce las plantas medicinales y su uso responsable

La llegada del otoño también puede despertar nuestro interés por las plantas medicinales y los recursos naturales tradicionalmente utilizados durante esta época del año.

Sin embargo, conocer una planta medicinal no consiste únicamente en saber para qué “sirve”. Es importante conocer sus principios activos, posibles contraindicaciones, interacciones, dosis y las circunstancias en las que su utilización puede no estar indicada.

Por eso, la formación en fitoterapia puede aportar conocimientos mucho más profundos que una simple lista de plantas y propiedades.

Tetera de cristal con infusión de plantas medicinales

  1. Utiliza septiembre para observarte

Quizá este sea el hábito más importante de todos. Antes de intentar cambiar muchas cosas, podemos preguntarnos:

  • ¿Cómo estoy realmente?
  • ¿Cómo duermo?
  • ¿Cómo digiero?
  • ¿Cómo me alimento?
  • ¿Qué nivel de energía tengo?
  • ¿Cómo gestiono el estrés?
  • ¿Cuánto tiempo dedico a descansar?
  • ¿Estoy escuchando las señales de mi cuerpo?

Estas preguntas pueden convertirse en el punto de partida para desarrollar una relación más consciente con nuestra salud.

El otoño como oportunidad para empezar de nuevo

Quizá la llegada del otoño no tenga que ser entendida como el final del verano, sino como una oportunidad para recuperar el equilibrio.

  • Volver a dormir mejor.
  • Comer de manera más consciente.
  • Mover nuestro cuerpo.
  • Reducir el estrés.
  • Disfrutar de la naturaleza.
  • Escuchar nuestras necesidades.

Y, sobre todo, aprender a conocernos.

La salud no consiste en seguir una lista perfecta de hábitos. Cada persona tiene unas necesidades, unos ritmos y unas circunstancias diferentes.

Por eso, desarrollar herramientas que nos permitan observarnos y comprender nuestra relación con el entorno puede ser uno de los primeros pasos hacia un estilo de vida más consciente.

¿Quieres profundizar en el mundo de la salud natural?

Si el cambio de estación te ha llevado a plantearte nuevas formas de cuidar tu bienestar y tienes interés por comprender mejor el funcionamiento del organismo, la formación en naturopatía puede abrirte un amplio campo de conocimiento.

Estudiar naturopatía permite profundizar en áreas como la alimentación, la fitoterapia, los hábitos de vida y diferentes recursos naturales desde una perspectiva global.

En el Instituto de Estudios Naturales apostamos por una formación que permita adquirir conocimientos sólidos sobre salud natural y, al mismo tiempo, desarrollar una mirada más consciente sobre nosotros mismos y sobre las personas a las que podemos acompañar profesionalmente.

Porque aprender sobre salud también puede ser una manera de aprender a escucharnos.

Este otoño, quizá el cambio que necesitas no sea hacer más, sino empezar a conocerte mejor. Te dejamos a continuación con una breve introducción de qué es la naturopatía y por qué ayuda a conocerte mejor.

¿Qué es la naturopatía?

La naturopatía es un ámbito de conocimiento relacionado con la promoción del bienestar y el cuidado natural de la salud que contempla a la persona desde una perspectiva global.

Su enfoque puede integrar diferentes áreas relacionadas con los hábitos de vida, como la alimentación, la actividad física, el descanso, la gestión del estrés, la fitoterapia y otros recursos naturales.

Uno de los aspectos más interesantes de estudiar naturopatía es precisamente aprender a observar la relación entre nuestros hábitos y la manera en la que nos sentimos.

No se trata simplemente de aprender qué planta utilizar o qué alimento contiene determinado nutriente. Se trata de comprender. Comprender cómo influyen nuestros hábitos, cómo responde nuestro organismo y qué factores pueden estar relacionados con nuestro bienestar.

Estudiar naturopatía también puede ser una forma de conocernos mejor

Cuando comenzamos a estudiar naturopatía, podemos descubrir que la salud no depende de un único factor.

Nuestro descanso está relacionado con nuestros horarios. Nuestra alimentación está condicionada por nuestros hábitos. El estrés puede modificar nuestra forma de comer y descansar. La actividad física influye en nuestro bienestar. Y nuestro entorno también forma parte de nuestra experiencia diaria.

Por eso, estudiar naturopatía puede convertirse en un interesante proceso de autoconocimiento en el que aprenderemos:

  • A observar
  • A hacernos preguntas
  • A identificar patrones
  • A comprender mejor nuestras necesidades
  • Y también a tomar decisiones más conscientes sobre nuestro estilo de vida.

Este enfoque puede ser especialmente interesante para aquellas personas que sienten curiosidad por la salud natural y quieren adquirir conocimientos que puedan aplicar tanto a su propio bienestar como, mediante una formación adecuada, a su futuro profesional.

Por Andrea Bretones

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La importancia de beber agua en verano: electrolitos y nutrición celular activa

hidratarse en verano

Con las altas temperaturas del verano, el cuerpo pierde agua y minerales a un ritmo mucho mayor del habitual. Sudar es el principal mecanismo de termorregulación del organismo, pero también implica una pérdida constante de líquidos y electrolitos que, si no se reponen correctamente, afectan al rendimiento físico, a la concentración y, en casos más extremos, a la salud cardiovascular.
Beber agua en verano es imprescindible, pero no siempre suficiente. Para entender por qué, hay que ir un paso más allá de la hidratación básica.

agua con limon

El agua y el equilibrio hídrico del organismo

El cuerpo humano está formado aproximadamente por un 70 % de agua, aunque esta proporción varía según la edad, el sexo y la composición corporal. El agua participa en prácticamente todas las funciones vitales, regula la temperatura corporal, transporta nutrientes y oxígeno, facilita la eliminación de desechos metabólicos, lubrica las articulaciones y permite el correcto funcionamiento de las reacciones bioquímicas celulares.

Durante el verano, el organismo activa mecanismos de termorregulación para evitar el sobrecalentamiento. El más importante es la sudoración. Cuando el sudor se evapora sobre la piel, se produce una pérdida de calor que ayuda a mantener estable la temperatura corporal. Sin embargo, este proceso implica una pérdida significativa de agua y minerales que debe ser compensada adecuadamente.

Incluso una deshidratación leve, equivalente a una pérdida del 1-2 % del peso corporal, puede provocar síntomas como fatiga, disminución de la concentración, dolor de cabeza y reducción del rendimiento físico. Cuando la pérdida hídrica es más intensa, pueden aparecer alteraciones cardiovasculares, trastornos neuromusculares e incluso cuadros graves de golpe de calor.

Qué son los electrolitos y por qué importan

La hidratación efectiva no depende únicamente del consumo de agua. Los electrolitos son minerales con carga eléctrica, sodio, potasio, magnesio, calcio y cloro, que participan en funciones críticas del organismo:

  • Regulan la distribución del agua entre el interior y el exterior de las células.
  • Mantienen el equilibrio ácido-base.
  • Permiten la transmisión de impulsos nerviosos.
  • Facilitan la contracción muscular.
  • Intervienen en la producción de energía.

Durante el ejercicio o la exposición prolongada al calor, el sudor arrastra principalmente agua y sodio, pero también potasio y magnesio. Cuando estas pérdidas no se compensan, aparecen los síntomas más comunes de la deshidratación: calambres, debilidad, mareos y bajada del rendimiento cognitivo.

El sodio tiene un papel especialmente relevante: es el principal regulador del volumen de líquido extracelular. Sin él, el organismo no puede retener el agua necesaria para mantener la circulación sanguínea ni la correcta perfusión de los tejidos. Por eso, en días de mucho calor o tras una sesión de ejercicio intensa, beber solo agua puede no ser suficiente para recuperar el equilibrio hidroelectrolítico.

Nutrición celular activa: hidratación desde dentro

La nutrición celular activa es un concepto que va más allá de la hidratación convencional. No se trata solo de introducir líquidos en el organismo, sino de asegurar que el agua llega efectivamente al interior de las células acompañada de los nutrientes necesarios para mantener su actividad metabólica.

Las membranas celulares son estructuras altamente selectivas. El movimiento del agua a través de ellas depende de fenómenos osmóticos en los que los electrolitos son determinantes. Cuando el equilibrio de sodio, potasio y otros minerales es el adecuado, el agua se distribuye correctamente entre los distintos compartimentos del cuerpo y se favorece la hidratación intracelular real.
Además, ciertos micronutrientes son imprescindibles para la producción de energía a nivel celular. El magnesio participa en centenares de reacciones enzimáticas relacionadas con la síntesis de ATP. El potasio mantiene el potencial eléctrico celular, esencial para la función muscular y nerviosa. Sin estos elementos, las células no pueden aprovechar de forma óptima los nutrientes disponibles, aunque el aporte calórico sea el correcto.

Una estrategia de nutrición celular activa, por tanto, combina aporte de líquidos con el suministro equilibrado de electrolitos y micronutrientes que faciliten la absorción y utilización del agua a nivel celular.

la importancia de la hidratacion

Nuestro consejo del mes: agua de mar y limón

El agua dulce, el limón y el agua de mar pueden combinarse para crear una bebida refrescante que, además de aportar hidratación, ofrece una interesante mezcla de sabores y minerales. Para prepararla, se parte de una base de agua dulce, que constituye el principal vehículo de hidratación y permite diluir adecuadamente los demás ingredientes. Sobre esta base se añade zumo de limón recién exprimido, que aporta un sabor cítrico y refrescante, además de vitamina C y diversos compuestos antioxidantes.

La incorporación de una pequeña cantidad de agua de mar aporta minerales y oligoelementos presentes de forma natural, entre ellos sodio, magnesio, potasio y calcio. Estos electrolitos participan en numerosos procesos fisiológicos relacionados con el equilibrio hídrico, la función muscular y la transmisión nerviosa. Debido a su elevada concentración salina, el agua de mar debe utilizarse siempre en cantidades moderadas y mezclada con agua dulce para que resulte agradable al paladar y adecuada para el consumo.

agua con limon

El resultado es una bebida de sabor ligeramente salino y cítrico, especialmente apreciada durante los meses de verano, cuando las pérdidas de agua y minerales a través del sudor son mayores. Servida fría, puede proporcionar una sensación de frescor y contribuir a la reposición de líquidos y electrolitos en situaciones de calor intenso o después de una actividad física moderada.

Una preparación habitual consiste en mezclar aproximadamente una parte de agua de mar con tres o cuatro partes de agua dulce y añadir el zumo de medio limón por cada vaso grande de bebida. A esto podemos añadirle unas hojas de menta o hierba buena para aumentar su carácter refrescante. De este modo se obtiene una bebida natural que combina hidratación, aporte mineral y un agradable perfil organoléptico.

Por Juan Carlos Gálvez