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Remedio higienizante antiséptico para la disbiosis intestinal

La disbiosis es el desequilibrio en la flora bacteriana intestinal. La microflora intestinal se divide en tres grupos:

  1. Las flora esencial o beneficiosa. Es el grupo más importante y en los individuos sanos, el más numeroso, vive a costa nuestra, pero nos aporta ciertos elementos beneficiosos como la vitamina K, vitamina B12, vit. Bl, Vit B9, Vit B6… que ayudan a los procesos digestivos, compiten con la flora bacteriana patógena u oportunista y la mantiene a raya. Algunas de las principales son: bifidobacterias, lactobacilos o propionibacterias.
  2. La flora oportunista. Se trata de un gran grupo que incluye diferentes microbios en cantidades y combinaciones bastante particulares. Viven a costa nuestra y tienden a invadirnos y producimos daños funcionales-estructurales. Algunos de estos son: bacteroides, peptococos, estafilococos, bacilos, clostridias, levaduras… cada uno de estos microbios es capaz de causar diversos problemas de salud si están fuera de control.
  3. La flora transitoria. Diferentes microbios que ingerimos a diario junto con la comida y la bebida. Cuando nuestro intestino está protegido por las bacterias beneficiosas, este grupo de microbios pasa por nuestro tracto digestivo sin causar daño alguno. Pero si no es así, este grupo puede llegar a causar enfermedades.

Todo nuestro tracto digestivo está tapizado por una capa de bacterias que nos protege constantemente a modo de barrera natural contra los invasores, la comida sin digerir, las bacterias, los parásitos… Sería algo así como el suelo desprotegido que se erosiona si carece de césped. Nuestro intestino también lo hace si carece de bacterias saprófitas o beneficiosas.

¿Cómo estas bacterias protegen nuestra pared intestinal?

Además de proporcionar una barrera física, estas bacterias luchan contra los micoorganismos patógenos mediante la producción de sustancias similares a antibióticos, anti-hongos, sustancias antivirales como el interferón, la lisozima y surfactantes que disuelven la membrana de virus y bacterias y provocan la intervención apropiada del sistema inmune. Así mismo, las bacterias beneficiosas que se localizan cerca de la pared intestinal reducen el pH a 4-5 al segregar ácidos orgánicos. Esta acidez crea un ambiente muy poco propicio para el crecimiento y la actividad de los patógenos que requieren entornos más alcalinos.

Cuando el equilibrio entre bacterias se rompe y las oportunistas comienzan a proliferar, aparecen una serie de síntomas que nos indican que debemos prestar atención y sanar nuestro intestino para que esto no nos acarree problemas más severos.

Esto empieza a ser un trastorno muy habitual entre los individuos de nuestra sociedad, por eso queremos presentaros esta receta. Con ella vamos a ayudar a controlar la proliferación de bacterias patógenas.

La sintomatología más típica de disbiosis intestinal es:

  • Puede indicar fermentaciones.
  • Hinchazón abdominal. Algunos vientres timpánicos por la dilatación de la fermentación y no de la grasa.
  • Hinchazón a lo largo del día.
  • Digestión pesada.
  • Ansiedad.
  • Debilidad.
  • Tendencia a alergias alimentarias.
  • Olor pútrido de los gases. Indica proliferación de bacterias patógenas.
  • Lengua inflamada con saburra blanca o amarilla (es peor que la blanca), u olor del aliento. Bordes de la lengua decolorados con semicírculos.
  • Migrañas.
  • Irritaciones cutáneas.

Remedio de la abuela. Antiséptico para mantener a raya la flora oportunista.

Ingredientes:

  • Una botella o bote de cristal de 1 litro con agua.
  • 45 gotas de extracto de semilla de pomelo. Potente antiséptico natural.
  • 90 gotas de extracto de propóleo. Gran desinfectante natural intestinal. Propiedades bactericidas y antimicóticas.
  • 9 gotas de aceite esencial orégano. Desinfectante de amplio espectro.

Ingredientes opcionales:

  • 3 cucharaditas de ácido láctico que genera un medio ácido en el intestino en el que se desarrolla la flora beneficiosa.
  • 9 gotas ac. esencial anís, si hay gases.
  • 60 gotas de extracto fluido romero, si hay problemas de hígado.
  • 90 gotas equinácea, si queremos subir el sistema inmunológico.

Mezclar los ingredientes y agitar bien antes de tomar. Los aceites esenciales tienen que quedar lo más mezclados con el agua posible. Beber a sorbitos pequeños durante todo el día.

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Probioticos: Último recurso

El uso de probióticos específicos debe ser el último eslabón de los recursos terapéuticos.

Por mucho cariño que yo tenga a las bacterias he de reconocer que trabajar con ellas intentando manipularlas en el organismo desde el aporte aislado de probióticos es un recurso terapéutico muy limitado.

En estos momentos casi todos los laboratorios se han subido al carro de los probióticos para diferentes patologías. Podemos encontrar cepas probióticas para gastritis, para cisititis, para colitis, para estreñimiento, para dermatitis, etc. Volvemos a caer en la trampa del tratamiento unidireccional y aislado tal y como hemos aprendido culturalmente y como de forma continua hace la medicina convencional. De la misma manera que no creo que sea un recurso terapéutico un vademécum de plantas para patologías tampoco lo es el de cepas bacterianas aunque sea más glamuroso.

Mis justificaciones para no utilizar el probiótico como recurso general en la terapia son:

  • El tratamiento específico con probióticos para desequilibrios crónicos es caro y hay que mantenerlo en el tiempo.
  • Primero has de generar un entorno adecuado en la mucosa para maximizar su efectividad.
  • No siempre tienes claro en las primeras consultas el factor determinante para elegir el probiótico. (a no ser que tengas vademécum jeje).
  • El tiempo que le vas a dedicar a averiguar el probiótico exacto es mucho, puedes dedicar ese tiempo a otra intervención terapéutica.
  • No es un elemento ancestral. Nuestra flora bacteriana ha sido modulada desde el alimento y el contexto. La aportación de cepas específicas es algo muy nuevo biológicamente hablando, por tanto no deben tener una posición prioritaria en su utilización.

¿Y qué hago para controlar la flora bacteriana sin probióticos?

Cada terapeuta tendrá sus métodos, para mi hay tres puntos fundamentales antes de la intervención con probióticos:

  • Cambio a una alimentación adecuada a sus necesidades.
  • Modulación de la situación psicoemocional.
  • Controlar los ritmos y ciclos (aquí dentro también está el ejercicio).
  • Alimentos controladores de microorganismos.

Después de esas medidas la aplicación de cepas bacterianas es mucho más funcional y exitosa.

En próximos post hablare de recetas para controlar microorganismos desde la alimentación diaria.

Fernando Aparicio