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PROPIEDADES Y USOS DEL ACEITE DE RICINO ¿AYUDA REALMENTE AL CRECIMIENTO DEL CABELLO?

aceite de ricino

¿Qué es el aceite de ricino y de dónde proviene?

El aceite de ricino proviene de las semillas la planta Ricinus communis, procedente de África y Asia, conocida también como higuerilla, mosquitera o castor, este último quizá sea el que más te suene porque lo habrás visto muchas veces en los ingredientes de un cosmético como “castor oil”, aceite de castor. Se trata de un aceite espeso de color claro ligeramente amarillento.
Sus semillas son tóxicas pero su aceite no. En uso interno se ha utilizado por su acción purgante, una cucharadita de este aceite irritará las pareces de tu intestino y provocará esta acción.

Composición y principios activos del aceite de ricino

Este aceite es conocido principalmente como remedio para el crecimiento del cabello, pero ¿sabes por qué? Vamos a echar un ojo a sus propiedades.
Dentro de sus principios activos se encuentra una alta proporción de ácido graso ricinoleico, que nos aporta omega 6 y 9, además de vitaminas. Estos principios actúan directamente sobre el folículo piloso y activa la circulación sanguínea favoreciendo el crecimiento del bello y el cabello. Al ser un aceite muy denso, debes aplicártelo en muy pequeñas cantidades si lo haces en el cuero cabelludo o tendrás que lavarte el pelo muchas veces y obtendrás el efecto contrario porque irritarás tu piel.

Beneficios del aceite de ricino para el cabello

¿Cómo favorece el crecimiento capilar?

Por otro lado, si aplicas unas gotas sobre las puntas ayudará a cerrarlas y a que estén menos quebradizas.

Aplicación adecuada en cuero cabelludo y puntas

Si tienes un pelo muy seco y grueso con tendencia al encrespamiento, puedes aplicarlo también de medios a puntas (de forma muy ligera o mezclado con otro más ligero de acuerdo con tu tipo de pelo para que no se apelmace) para ayudar a controlar el frizz, ya que lo mantiene humectado y le da un aspecto brillante.

aceite de ricino

Propiedades del aceite de ricino en la piel, pestañas y uñas

Hidratación profunda y acción antioxidante

El ricino es, además, rico en vitamina E, lo que le otorga propiedades antioxidantes. También es un fantástico humectante de la piel y el cabello, nutritivo, antinflamatorio y genial antimicrobiano y antibacteriano, lo que ayuda a combatir la caspa, el acné e incluso las verrugas.

Aplicación en pestañas y cejas

También nutre en profundidad la piel, lo que beneficia principalmente a las pieles más secas y escamosas. Igualmente nutre las uñas quebradizas. Si te das un masajito sobre estas, quedarán brillantes y más fuertes.
Promoverá el crecimiento de las pestañas si lo aplicas cada noche antes de dormir. Ahora que están de moda las cejas gruesas, aplícatelo también sobre estas o si tienes pequeñas calvas. Es un gran remedio en caso de su pérdida tras una quimioterapia.

Fortalecimiento de uñas quebradizas

Da mucho brillo en los labios, pero ¡cuidado! no te salgas de la línea del labio superior si no quieres que te crezca ese bello en esta zona.

Otros usos terapéuticos del aceite de ricino

Alivio de dolores articulares

El aceite de ricino tiene otras propiedades que merecen la pena destacar. Por ejemplo, gracias a sus propiedades antinflamatorias nos puede aliviar en caso de dolor en articulaciones masajeando bien sobre las zonas doloridas.

Potencial cicatrizante en piel

Otra propiedad interesante del ricino es que es un excelente cicatrizante, puede ayudar incluso en casos de cicatrices antiguas si lo aplicamos con calor y constancia.

Consideraciones sobre su uso directo en piel

El aceite de ricino puede ser un aliado maravilloso, pero ten siempre en cuenta que aplicado directamente sobre la piel es comedogénico, es decir, obstruirá los poros produciendo granitos y/o espinillas y depende de la piel puede resultar irritativo. De manera que, dependiendo del fin que le quieras darle, deberás mezclarlo siempre con otros ingredientes.

Por Virginia Ruiz

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Alimentación psicocultural: Entre la niología, la cultura y la psiconutrición

La explicación del comportamiento humano ha sido una constante en las más diversas ciencias oscilando entre el polo de la biología y el de la cultura. E otras palabras, la pregunta es cómo influye la naturaleza, entendida como el conjunto de características biológicas y genéticas de los seres humanos, en el comportamiento, y cómo la cultura, que abarca los valores, creencias, costumbres y prácticas sociales, moldea nuestra conducta y pensamiento. Polarizar la respuesta en uno de los extremos del continuo, como se ha hecho en múltiples ocasiones, sólo puede arrojar una visión fragmentaria de lo humano. Los reduccionismos genéticos o sociológicos conllevan la misma problemática: el espacio de la subjetividad -punto de encuentro de ambos- como un dispositivo neuroquímico, o bien como una interiorización férrea de las matrices de relación culturales.

La solución pasaría una vez más por el equilibrio en la consideración de estos elementos. Una posible estrategia que reconciliara a las neuronas con las representaciones pasaría por considerar la existencia de diversas tipologías de tiempo en donde se ha venido fraguando la persona a diversos niveles. Así, frente al reduccionismo campante, propondría la noción de “emergencia” surgida de la teoría de sistemas.

El concepto de emergencia hace referencia a la aparición de propiedades o comportamientos nuevos que no se pueden predecir simplemente analizando las partes individuales de un sistema. Estas propiedades surgen cuando los componentes de un sistema interactúan entre sí de manera compleja, dando lugar a patrones o efectos que son más que la suma de sus partes. Es decir, la emergencia describe cómo, en sistemas complejos, las interacciones entre elementos producen resultados inesperados o cualitativamente diferentes a los que podrían esperarse solo observando los elementos por separado. Un ejemplo clásico de emergencia es el comportamiento colectivo de una colonia de hormigas. A pesar de que cada hormiga sigue reglas simples y locales, el comportamiento de la colonia en su conjunto, como la búsqueda de alimentos o la organización de la colmena, es un fenómeno emergente que no puede explicarse bajo la observación de una sola hormiga. De igual forma, los distintos elementos integrantes de la naturaleza humana producen en su choque siempre diverso, complejo y caótico, nuevas propiedades. Esta tesis valdría para entender cómo a partir de un conjunto de enlaces bioquímicos del sistema nervioso, podría haber emergido en la evolución algo tan sumamente complejo y diferente como es la conciencia.

Así, de acuerdo con la emergencia y según los diferentes niveles temporales de determinación humana, cabría postular al menos las siguientes escalas a partir de las cuales surge la complejidad fruto de un constante desarrollo dialéctico con el contexto:

  • Tiempo filogenético (como especie): conformación anatómica del homo sapiens-sapiens (bipedestación, aumento del espacio craneal en centímetros cúbicos, dedo oponible de la mano, descenso de la laringe por el tracto vocal permitiendo articulación fina del sonido y la capacidad futura del habla, etc.)
  • Tiempo histórico cultural (como humanidad): a partir del desarrollo cerebral, posibilidad de haber creado un mundo inventado de objetos, prácticas, representaciones, etc. Es decir: el mundo de la cultura (lo artificial).
  • Tiempo ontogenético (como individuo): los cambios físicos y mentales que se operan en el recién nacido y que van teniendo lugar a lo largo de toda su vida (consultar la ley biogenética de Haeckel para entender la ontogénesis como recapitulación de la filogénesis).
  • Tiempo microgenético: haría referencia a la determinación de una acción concreta conforme a los otros tiempos que la anteceden.

Teniendo en cuenta todos estos niveles de análisis temporal, podríamos conciliar el plano de la biología (filogénesis) con las fuerzas culturales (tiempo histórico-cultural y ontogénesis) dando como resultado una explicación más densa y compleja que no ignore ninguno de los “ingredientes” de los que estamos hechos. Este esquema, además, permitiría entender los efectos de co-afectación de unos planos sobre otros, devolviéndonos una imagen dinámica. Entender lo humano no como una estatua sino como un río en cesante movimiento (ver figura 1)

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