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Alimentación psicocultural: Entre la niología, la cultura y la psiconutrición

La explicación del comportamiento humano ha sido una constante en las más diversas ciencias oscilando entre el polo de la biología y el de la cultura. E otras palabras, la pregunta es cómo influye la naturaleza, entendida como el conjunto de características biológicas y genéticas de los seres humanos, en el comportamiento, y cómo la cultura, que abarca los valores, creencias, costumbres y prácticas sociales, moldea nuestra conducta y pensamiento. Polarizar la respuesta en uno de los extremos del continuo, como se ha hecho en múltiples ocasiones, sólo puede arrojar una visión fragmentaria de lo humano. Los reduccionismos genéticos o sociológicos conllevan la misma problemática: el espacio de la subjetividad -punto de encuentro de ambos- como un dispositivo neuroquímico, o bien como una interiorización férrea de las matrices de relación culturales.

La solución pasaría una vez más por el equilibrio en la consideración de estos elementos. Una posible estrategia que reconciliara a las neuronas con las representaciones pasaría por considerar la existencia de diversas tipologías de tiempo en donde se ha venido fraguando la persona a diversos niveles. Así, frente al reduccionismo campante, propondría la noción de “emergencia” surgida de la teoría de sistemas.

El concepto de emergencia hace referencia a la aparición de propiedades o comportamientos nuevos que no se pueden predecir simplemente analizando las partes individuales de un sistema. Estas propiedades surgen cuando los componentes de un sistema interactúan entre sí de manera compleja, dando lugar a patrones o efectos que son más que la suma de sus partes. Es decir, la emergencia describe cómo, en sistemas complejos, las interacciones entre elementos producen resultados inesperados o cualitativamente diferentes a los que podrían esperarse solo observando los elementos por separado. Un ejemplo clásico de emergencia es el comportamiento colectivo de una colonia de hormigas. A pesar de que cada hormiga sigue reglas simples y locales, el comportamiento de la colonia en su conjunto, como la búsqueda de alimentos o la organización de la colmena, es un fenómeno emergente que no puede explicarse bajo la observación de una sola hormiga. De igual forma, los distintos elementos integrantes de la naturaleza humana producen en su choque siempre diverso, complejo y caótico, nuevas propiedades. Esta tesis valdría para entender cómo a partir de un conjunto de enlaces bioquímicos del sistema nervioso, podría haber emergido en la evolución algo tan sumamente complejo y diferente como es la conciencia.

Así, de acuerdo con la emergencia y según los diferentes niveles temporales de determinación humana, cabría postular al menos las siguientes escalas a partir de las cuales surge la complejidad fruto de un constante desarrollo dialéctico con el contexto:

  • Tiempo filogenético (como especie): conformación anatómica del homo sapiens-sapiens (bipedestación, aumento del espacio craneal en centímetros cúbicos, dedo oponible de la mano, descenso de la laringe por el tracto vocal permitiendo articulación fina del sonido y la capacidad futura del habla, etc.)
  • Tiempo histórico cultural (como humanidad): a partir del desarrollo cerebral, posibilidad de haber creado un mundo inventado de objetos, prácticas, representaciones, etc. Es decir: el mundo de la cultura (lo artificial).
  • Tiempo ontogenético (como individuo): los cambios físicos y mentales que se operan en el recién nacido y que van teniendo lugar a lo largo de toda su vida (consultar la ley biogenética de Haeckel para entender la ontogénesis como recapitulación de la filogénesis).
  • Tiempo microgenético: haría referencia a la determinación de una acción concreta conforme a los otros tiempos que la anteceden.

Teniendo en cuenta todos estos niveles de análisis temporal, podríamos conciliar el plano de la biología (filogénesis) con las fuerzas culturales (tiempo histórico-cultural y ontogénesis) dando como resultado una explicación más densa y compleja que no ignore ninguno de los “ingredientes” de los que estamos hechos. Este esquema, además, permitiría entender los efectos de co-afectación de unos planos sobre otros, devolviéndonos una imagen dinámica. Entender lo humano no como una estatua sino como un río en cesante movimiento (ver figura 1)

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Rangos funcionales VS. Rangos convencionales: formas de interpretación de analícas

La interpretación de analíticas de laboratorio, de manera convencional, se basa en rangos de referencia estadísticos que reflejan valores encontrados en la población general, casi siempre con patología. Sin embargo, existe otra manera más íntegra y profunda de interpretar una analítica utilizando los rangos funcionales. Estos buscan identificar desequilibrios antes de que se desarrollen patologías clínicas y nos ofrecen claves para saber el estado de los diferentes sistemas.

El enfoque preventivo de los rangos funcionales busca identificar desviaciones tempranas que pueden indicar riesgos metabólicos, inflamatorios o carenciales antes de que se conviertan en enfermedades diagnosticables. Por otro lado, los rangos convencionales están diseñados para detectar enfermedades en estadios avanzados.

En otras palabras, en un análisis convencional, si los valores están dentro del rango, el paciente es considerado «saludable», aunque pueda presentar síntomas. En el análisis funcional, los valores cercanos a los límites del rango pueden ser indicativos de una alteración en progreso y abordarse con nutrición, suplementación y cambios en el estilo de vida.

A continuación quiero dar algunos ejemplos en biomarcadores claves:

Glucosa en sangre

  • Rango convencional: 70-100 mg/dL (normal hasta 99, prediabetes desde 100 mg/dL)
  • Rango funcional: 80-90 mg/dL (fuera de este rango puede indicar resistencia a la insulina incipiente)

Vitamina D (25-OH)

  • Rango convencional: 20-50 ng/mL (deficiencia por debajo de 20)
  • Rango funcional: 40-60 ng/mL (niveles óptimos para función inmune y ósea)

Hormonas tiroideas (TSH)

  • Rango convencional: 0.5-4.5 mUI/L
  • Rango funcional: 1.0-2.5 mUI/L (por encima de 2.5 podría indicar hipotiroidismo subclínico)

Los rangos funcionales se ajustan según la edad, el sexo, el estilo de vida y el terreno del paciente permitiendo un diagnóstico más personalizado y eficiente.

Si queremos aprovechar la información de una analítica en nuestra consulta, debemos conocer el manejo de sus rangos funcionales, así como la relación que existe entre todos ellos. No nos sirve hacer nutrición integrativa o medicina natural con valores convencionales.

 

Por Fernando Aparicio