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Probioticos: Último recurso

El uso de probióticos específicos debe ser el último eslabón de los recursos terapéuticos.

Por mucho cariño que yo tenga a las bacterias he de reconocer que trabajar con ellas intentando manipularlas en el organismo desde el aporte aislado de probióticos es un recurso terapéutico muy limitado.

En estos momentos casi todos los laboratorios se han subido al carro de los probióticos para diferentes patologías. Podemos encontrar cepas probióticas para gastritis, para cisititis, para colitis, para estreñimiento, para dermatitis, etc. Volvemos a caer en la trampa del tratamiento unidireccional y aislado tal y como hemos aprendido culturalmente y como de forma continua hace la medicina convencional. De la misma manera que no creo que sea un recurso terapéutico un vademécum de plantas para patologías tampoco lo es el de cepas bacterianas aunque sea más glamuroso.

Mis justificaciones para no utilizar el probiótico como recurso general en la terapia son:

  • El tratamiento específico con probióticos para desequilibrios crónicos es caro y hay que mantenerlo en el tiempo.
  • Primero has de generar un entorno adecuado en la mucosa para maximizar su efectividad.
  • No siempre tienes claro en las primeras consultas el factor determinante para elegir el probiótico. (a no ser que tengas vademécum jeje).
  • El tiempo que le vas a dedicar a averiguar el probiótico exacto es mucho, puedes dedicar ese tiempo a otra intervención terapéutica.
  • No es un elemento ancestral. Nuestra flora bacteriana ha sido modulada desde el alimento y el contexto. La aportación de cepas específicas es algo muy nuevo biológicamente hablando, por tanto no deben tener una posición prioritaria en su utilización.

¿Y qué hago para controlar la flora bacteriana sin probióticos?

Cada terapeuta tendrá sus métodos, para mi hay tres puntos fundamentales antes de la intervención con probióticos:

  • Cambio a una alimentación adecuada a sus necesidades.
  • Modulación de la situación psicoemocional.
  • Controlar los ritmos y ciclos (aquí dentro también está el ejercicio).
  • Alimentos controladores de microorganismos.

Después de esas medidas la aplicación de cepas bacterianas es mucho más funcional y exitosa.

En próximos post hablare de recetas para controlar microorganismos desde la alimentación diaria.

Fernando Aparicio

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Cómo evaluar tu salud hormonal

Las disfunciones hormonales y ginecológicas son uno de los aspectos de la salud que más incidencia está teniendo en la sociedad actual. Esto es debido a múltiples causas, como son los nuevos tóxicos a los que las mujeres están expuestas, la incapacidad de algunos órganos para eliminar el exceso de estrógenos, los factores de riesgo en la alimentación vinculados directamente con estas disfunciones, etc.

El mayor problema a la hora de prevenir la aparición de una patología es no poder identificar los síntomas previos a su instauración en el organismo. En el caso de los problemas hormonales y ginecológicos esta situación se agrava por la normalización de los síntomas relacionados con este sistema. Síntomas que por su normalización se invisibilizan en la mujer, lo que supone un problema para la detección de un mal funcionamiento y, finalmente, la prolongación y aceptación de un estado pre-patológico que conlleva riesgos y carencias en la salud general.

Uno de los trabajos más interesantes en consulta es identificar esos síntomas normalizados que en muchas ocasiones son tan comunes como la hinchazón y dolor abdominal con la llegada de la menstruación, o también, la hinchazón y dolor de mamas.

Síntomas para evaluar tu salud hormonal

Por tanto, es prioritario es que la persona tome conciencia de su corporalidad y cuestione la forma de funcionar de su organismo. Por ejemplo, algunos aspectos normalizados y que propongo revisar para identificar problemas hormonales o ginecológicos son:

  • Migrañas o cefaleas durante o antes de la menstruación.
  • Diarreas durante la menstruación.
  • Crecimiento de vello corporal.
  • Insomnio vinculado al ciclo menstrual.
  • Hipersensibilidad en las mamas.
  • Hinchazón de piernas o retención de líquidos.
  • Cambios de humor o volubilidad emocional.

Algunos de estos síntomas son leves y pasan desapercibidos, no obstante, cuando están relacionados con otras características individuales pueden determinar las claves del diagnóstico.

Quiero terminar este artículo con algunas recomendaciones generales, pero que son funcionales para comenzar un plan de mejora a través de la alimentación:

  • Consumir diariamente alimentos que frenan la aromatasa como son las setas, espárragos, remolacha, manzana.
  • Retirar alimentos que estimulan la aromatasa: alcohol, azúcar, soja, leche y derivados.
  • Controlar el peso. En muchos casos de amenorrea la falta de grasa corporal junto con la carencia de recursos energéticos es clave. En otros síndromes el sobrepeso es lo prioritario para desactivar el desequilibrio.
  • Mejorar la función hepática. Facilitando el trabajo metabólico, energético y la eliminación de estrógenos.
  • Mejorar tu flora intestinal. Evita la inflamación intestinal introduciendo alimentos frescos y probióticos.

Cuidar los niveles de cortisol en sangre. Reduce el uso de estimulantes. Gestiona el estrés diario y los tiempos de descanso.