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Amenaza invisible: ausencia probiótica

Próxima convocatoria Taller de Fermentación

15 de marzo de 2019.

Nunca antes la población había estado tan enferma como en la actualidad. La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha alertado que las enfermedades no transmisibles (ENT), o también conocidas como enfermedades crónicas, han llegado a niveles de epidemia representando la primera causa de mortalidad a nivel mundial. Se estima, según los grandes economistas, que para el 2030 el gasto para tratar esta epidemia podría colapsar los sistemas de salud mundiales.Amenaza invisible ausencia probiótica

¿A qué se debe esta creciente amenaza? ¿Cuál es su origen?

El estilo de vida y los factores medioambientales constituyen los principales factores de riesgo para desarrollar la enfermedades crónicas y crónico- degenerativas. Es decir: dietas malsanas, sedentarismo, consumo de sustancias nocivas, contaminación medioambiental, carcinógenos y radiaciones.

El paso de una alimentación íntegra de alimentos reales, ricas de nutrientes y de bacterias durante miles de años, a una alimentación muerta, industrializada y carente de valor nutritivo en la actualidad, ha supuesto un duro golpe para nuestra salud, y para la infinidad de microorganismos que cohabitan dentro de nosotros.

Hace un siglo que comenzamos a saber algo de estos seres diminutos, aunque nos centramos más en los daños que en las bondades que estos nos otorgaban, y sin escrúpulos abrimos fuego de forma abusiva empleando todo tipo de armas de última generación: antibióticos de amplio espectro, jabones antibacterianos, pesticidas y un largo etcétera. Pero, en los últimos años, la situación ha dado un giro con la aparición de nuevos y crecientes hallazgos que ponen de manifiesto la importancia e influencia que ejercen estos microorganismos en nuestras vidas.

Somos un ecosistema constituido por un universo de microorganismos necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Nuestro sistema inmunitario ha aprendido y ha evolucionado gracias a su presencia, se encargan de entrenar a nuestro sistema inmunitario y a discernir entre buenos y malos, es decir, sin su presencia el sistema inmunitario se aburre y se vuelve contra si mismo o ataca a sustancias que no son nocivas, generando enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

Y es que estamos perdiendo nuestra biodiversidad microbiana interna que altera y desequilibra nuestra salud y sino ¿cómo es posible que ciertos pueblos indígenas en la selva Amazónica, como los indios Yanomami, con el doble de diversidad bacteriana que la sociedad norteamericana no conozcan estas enfermedades? o ¿cómo es posible que ciertas enfermedades inflamatorias e autoinmunes se estén venciendo por medio de la inoculación en el organismo de helmintos “gusanos parásitos” o con trasplantes fecales?

Quizás la “hipótesis de la higiene”, ya formulada en 1989 por el epidemiólogo David Strachan, que relaciona de forma directa la incidencia creciente de determinadas enfermedades con una exposición cada vez menor a los gérmenes, sobre todo en la infancia, esté en lo cierto.

Así recientemente, se ha demostrado que los niños criados en granjas o que crecen con animales de compañía tienen menor riesgo de padecer enfermedades autoinmunes y alérgicas en el futuro, que aquellos que se crían en un entorno más aséptico.

La higiene ha permitido acabar con grandes infecciones a lo largo de la historia de la humanidad pero también ha terminado con microorganismos necesarios para la maduración de nuestro sistema inmunitario. Por lo tanto, recuerda que ¡un poco de suciedad puede ser buena para la salud!

Con esto no quiero hacer apología de la suciedad, sino más bien que nos replanteemos el prejuicio que asocia el concepto de microorganismo como algo nocivo y ampliemos nuestra conciencia de manera que nos permita desarrollar una mejor forma de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Concediéndonos un modo de vida más asilvestrado, recuperando el contacto perdido y respetuoso con la Tierra y sobre todo reincorporar una alimentación menos desnaturalizada, una alimentación viva y rica en probióticos (=a favor de la vida) como la que nos aportan los alimentos fermentados, que han permitido durante miles de años sobrevivir y poder evolucionar a la especie humana.

Recuerda que está en nuestras manos recobrar el equilibrio de nuestro ecosistema interior y exterior por el bien de todos.

«Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano»

— Isaac Newton-

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Nutrición naturalista. ¿Cómo practicarla?

La nutrición naturalista es una filosofía que todos podemos seguir, es mucho más fácil de lo parece. Significa alimentarnos con sentido común, con consciencia y responsabilidad, algo que en el ámbito de la alimentación se ha vuelto un rara avis.

Nutrición naturalistaLa nutrición naturalista es prevención en salud e implica apostar por una alimentación sencilla y natural protagonizada por alimentos frescos de temporada, algo que hacían nuestros abuelos sin ningún problema. Hoy en día en la sociedad de la opulencia, la rapidez y los excesos en la que vivimos, la comida se ha convertido en un capricho, en un consumo inmediato de cualquier cosa muchas veces envasada que nos puede saciar, pero no nos nutre. De hecho ese consumo rápido e impulsivo ha desnaturalizado a su vez los sabores, las texturas y los olores, sin saber distinguir bien el auténtico sabor y aroma de un tomate, un melocotón, un calabacín o de la manzanilla, el romero… Esta tendencia nos aleja de ese naturalismo tan necesario para dotar a nuestro organismo de los recursos que necesita para funcionar bien y sentir un verdadero bienestar.

La alimentación saludable puede parecer más costosa en tiempo y en dinero, pero realmente es cuestión de hábito y de experimentarla para comprobar su grandeza. Si uno se permite la oportunidad de probar, de sentir, de experimentar, seguro que no le quedan ganas de volver a esa comida inmediata y desnaturalizada, llena de conservantes, colorantes, grasas saturadas, aromatizantes y a saber que otras cosas más. Verdaderamente es muy placentero ir al mercado y ver y elegir las verduras y frutas para la semana, disfrutar del aroma, de los colores, de las formas… Es un acto en sí mismo que ya nos está nutriendo.

El ritual de la masticación, la moderación y la escucha.

¿Te suena comer delante del ordenador, viendo la tele o en la parada del autobús a todo gas porque no tienes tiempo, engullendo cualquier cosa? La forma de comer es otra de las claves muy importantes dentro de la nutrición naturalista y la masticación es fundamental. Una buena masticación y ensalivación de cada bocado hace que se incremente de forma considerable el aprovechamiento de los nutrientes y de la energía que este posee. Y a su vez va a hacer que te sientas saciado/a antes.

Otro de los rituales clave de la nutrición naturalista es la moderación. Comer menos es importante para conseguir una buena nutrición, evitando el agotamiento del sistema digestivo. Muchas veces comemos por comer, por aburrimiento, por imposiciones o incluso por sed, sin ser conscientes que lo que tenemos es sed en vez de hambre, esto lo único que provoca es saturación y que órganos como el hígado, los riñones, los intestinos, los pulmones o la piel no puedan realizar su función depurativa y eliminatoria correctamente. De ahí lo importante de desarrollar una escucha consciente de nuestro organismo para no comer de más o no comer sin realmente tener hambre.

10 sencillas recomendaciones para practicar una nutrición naturalista.

1.- Come siempre variado. Consume alimentos diferentes, verduras, frutas, cereales, legumbres, frutos secos… Que tu cesta de la compra semanal sea variada, colorida y aromática.

2.- Cuidado con las grasas saturadas. Consume menos alimentos ricos en estas grasas poco beneficiosas para salud presentes en embutidos, pastelería industrial, lácteos o carnes rojas.

3.- Menos proteínas de origen animal. Reduce el consumo semanal especialmente de carnes rojas y procesadas.

4.- Evita los dulces industriales, azúcar refinado, sacarosa y fructosa, desmineralizan y desvitalizan el organismo.

5.- Consume más verduras y frutas frescas al día que están llenas de vitaminas, minerales y fibra.

6.- Más cereales integrales frente a los refinados. Además de ricos en fibra, son una excelente fuente de vitamina B, que es la vitamina del sistema nervioso que ayuda a defendernos del estrés y a descansar y dormir bien.

7.- Menos sal y alimentos salados. Es importante acostumbrar al paladar a disfrutar del sabor auténtico de cada alimento. Es mejor condimentar la comida con hierbas frescas o secas como el orégano, la albahaca, el perejil, el cardamomo…

8.- Bebe más agua mineral o infusiones. La hidratación es clave para un buen funcionamiento del organismo, no olvidemos que el agua es el principal componente del cuerpo humano que posee 75 % de agua al nacer y cerca del 60 % en la edad adulta.​

9.- Mejor varias comidas sencillas al día que pocas muy copiosas.

10.- Amor y cariño por los alimentos en la cocina. Cocínalos a bajas temperaturas, evita el microondas. Apuesta siempre por alimentos frescos y naturales, frente a los procesados.