Por Javier Molina
Lo primero que suele llamar la atención cuando vemos la imagen de un embrión es el tamaño desproporcionado de los ojos con respecto al resto del cuerpo. Parece indicarnos que en ese lugar hay información por descubrir.
Cuando comencé mis estudios de Iridología, la primera duda que necesité resolver fue saber por qué se puede valorar el estado de salud en ese pequeño trozo de nuestra anatomía que se llama “iris”; para entender esto nos tenemos que ir al inicio de nuestra vida.
De una forma muy resumida, diré que embriológicamente el ojo es una evaginación del cerebro formado a partir del tubo neural, que es la formación más primitiva de nuestro Sistema Nervioso. Este tubo se forma a partir del ectodermo, una de las tres capas germinales junto al mesodermo y endodermo. El ectodermo dará lugar, entre otros, a todo el tejido que forma el cerebro, y del mesodermo se formará el estroma del iris.
El iris, una vez desarrollado, está formado por tejido mesodérmico (vascularización, musculatura, tejido conjuntivo) y su inervación es de origen ectodérmico (capa que forma el tejido nervioso). Esta inervación es muy abundante en todo el globo ocular, así como en el iris, donde llega una inmensa cantidad de información, tanto desde el Sistema Nervioso Central como desde el Sistema Nervioso Vegetativo (Simpático y Parasimpático). En este primero, es importante destacar anatómicamente el tálamo óptico, que es una estructura perteneciente al diencéfalo que tiene una estrecha conexión nerviosa con el iris.
Toda esta información nerviosa muestra una serie de cambios en el iris (variaciones en la coloración, signos de profundidad o de relieve, pigmentaciones…) cuando en el organismo se producen alteraciones de nuestra salud. Se vio que esta información se reflejaba mediante diferentes signos en el iris y se correspondían con síntomas clínicos y emocionales de diferentes zonas de nuestro cuerpo. Esto dio lugar en su momento a la elaboración de un mapa iridológico en el cual se localizan los puntos reflejos de todos nuestros órganos y el estado de salud de cada uno de ellos.
A las representaciones del cuerpo humano en localizaciones del Sistema Nervioso u otras zonas, en este caso, el iris, es lo que se conoce como “somatotopía”. En el iris se va a reflejar desde el comienzo de la gestación nuestro estado de salud heredado y, posteriormente, se irán grabando mediante signos iridianos nuestra vitalidad, nuestra energía y nuestra forma de vivir.

La moxa puede tener forma de conos o de cigarros que están hechos con las hojas molidas de la planta Artemisa (Artemisa Vulgaris). Para su uso en acupuntura hay que secar las hojas perfectamente para posteriormente poder preparar los conos o cigarros. Al quemar la moxa desprende todos sus apreciados aceites esenciales.