
Elegir un suplemento puede suponer una tarea muy pesada y si se trata del magnesio, la cosas se complica más. Existen cientos de marcas y productos con informaciones variadas en estudios, webs, diversa literatura, blogs, etc. Esta diversidad posiblemente te haga abandonar la compra u obtener el primero que te recomienden o el más puntuado en internet.
El caso del magnesio, como os comentaba, es más peculiar aún, ya que existen multitud de formas moleculares con nombres semejantes que nunca permiten tener claro cuál es el más adecuado en cada caso.
Recomiendo la toma de magnesio por muchas razones. Las razones más típicas son por cansancio muscular, agotamiento cerebral, remineralización y regulación de ph, mejora del sistema inmune, y para apoyar los mecanismos de regeneración celular. La lista de beneficios y propiedades es enorme y podéis encontrarla en multitud de bibliografía y medios digitales.
En cuanto a qué tipo de magnesio comprar, os dejo este pequeño resumen que espero que sea de ayuda.
Tipos de magnesio
Óxido de magnesio:
Es un tipo de mineral inorgánico. Posiblemente esta sea la forma de magnesio menos biodisponible. Se ha usado históricamente como laxante. Es poco recomendado si lo que deseas es enriquecer tu absorción de magnesio. Hay que tomar grandes cantidades para lograr su efecto en sangre y son los magnesios de precios destacadamente más bajos.
Citrato de magnesio:
De mejor absorción que el anterior, es una forma de magnesio derivada de una sal en combinación con ácido cítrico. Esta forma mineral tiene la propiedad de aumentar el peristaltismo intestinal y la cantidad de agua en heces, y por tanto tiene efectos a la hora de prevenir el estreñimiento.
Malato de magnesio:
Menos común que los anteriores, es una estructura de ácido málico con magnesio. Aquí el ácido málico le confiere unas mayores propiedades desintoxicantes y mejora sensiblemente la absorción del magnesio.
Glicinato de magnesio:
Posiblemente la forma de magnesio más biodisponible. Su facilidad de absorción permite tomar menos cantidades diarias y sin efectos laxantes. Es una combinación del magnesio con el aminoácido glicina, que facilita la incorporación de éste en el organismo. Suele ser el de mayor precio de todos, siempre dependiendo de la concentración por comprimido.
Carbonato de magnesio:
Un mineral puro y original llamado magnesita o dolomita. Tiene una buena absorción a buen precio, pero con muchas posibilidades de incrementar el transito intestinal o producir efectos laxantes.
Cloruro de magnesio:
Es la forma más común en los magnesios comerciales. El ion cloruro le confiere mayores características en la transmisión eléctrico-nerviosa muscular. Además, aumenta el ph estomacal. Buena absorción y biodisponibilidad con pocas probabilidades de generar efectos laxantes.
Magnesio marino:
Su composición principal es óxido de magnesio, aunque en menor proporción también aporta sulfato, carbonato y cloruro. De esta manera, mejora la absorción general y aporta las virtudes de las formas moleculares de las que se compone.
De forma general, para aumentar el magnesio corporal suelo recomendar el cloruro de magnesio o magnesio marino por ser los más balanceados en absorción y precio. Por supuesto siempre dependerá del caso y de la persona. Es importante a la hora de elegir la marca ver la cantidad de magnesio por comprimido.
¡Espero que estas indicaciones os sirvan!

Cuando comencé mis estudios de Iridología, la primera duda que necesité resolver fue saber por qué se puede valorar el estado de salud en ese pequeño trozo de nuestra anatomía que se llama “iris”; para entender esto nos tenemos que ir al inicio de nuestra vida.
Toda esta información nerviosa muestra una serie de cambios en el iris (variaciones en la coloración, signos de profundidad o de relieve, pigmentaciones…) cuando en el organismo se producen alteraciones de nuestra salud. Se vio que esta información se reflejaba mediante diferentes signos en el iris y se correspondían con síntomas clínicos y emocionales de diferentes zonas de nuestro cuerpo. Esto dio lugar en su momento a la elaboración de un mapa iridológico en el cual se localizan los puntos reflejos de todos nuestros órganos y el estado de salud de cada uno de ellos.