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16 de Octubre: Día Mundial de la Alimentación

Hoy es el día de la alimentación proclamado en 1979 por la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. En un día como este me gustaría hacer una reflexión en base a los últimos datos ofrecidos por la FAO: +670 millones de adultos son obesos (casi un 10% de la población mundial), 120 millones de menores son obesos, +40 millones de niños tienen sobrepeso y +800 millones de seres humanos carecen de alimentos.

Estas cifras a día de hoy me parecen trágicas y vergonzosas. La manera en la que se satisface la necesidad básica de alimentarse y la constatación de que en el siglo XXI millones de personas siguen pasando hambre, obligan a hacer un examen de conciencia a la sociedad en la que vivimos. También a revisar el orden económico imperante y sus prioridades.

Para comprenderlo mejor voy a hacer una comparación. Si suponemos que la Tierra, donde vivimos todos, es nuestra casa común, nos resulta más sencillo entender que si en la cocina hay goteras y no lo solucionamos a tiempo, el problema crece y puede poner en peligro al resto de la casa. Si además cerramos la puerta y miramos para otro lado, esto terminará afectándonos, por eso es importante que veamos el problema y lo afrontemos directamente. De la misma manera es de una miopía política tremenda el intentar cerrar las puertas con vallas y alambradas como si este actitud fuera a solucionar el problema.

Para mí el tema del hambre en estos momentos de la humanidad es el tema más grave con el que nos enfrentamos, ya que es la raíz de todos los demás problemas graves como la inmigración ilegal, la violencia internacional y enfermedades a las que es imposible hacer frente si estás desnutrido. Los alimentos son la base de la vida, sin alimentos no hay vida.

Oliver de Schutter fue durante muchos años el relator de las Naciones Unidas para el derecho de la alimentación y afirmaba que hemos olvidado que no se trata solo de mantener vivas a las personas, sino de nutrirlas en todas sus dimensiones. Esto implica poder garantizar que todas las personas disfruten plenamente de todos los derechos humanos.

Hoy en día 800 millones de personas pasan hambre, cada día mueren de hambre y de malnutrición 40 mil personas, la mayor parte niños y mujeres. Cuando comparas estas cifras con otras causas de muerte como enfermedades, accidentes de tráfico, etc., son insignificantes, no hay punto de comparación. Ese mismo día que mueren de hambre 40 mil personas estamos gastando en armamento de 4mil millones de dólares. El hambre es absolutamente evitable. Según los datos de Naciones Unidas, con un 2,5% de lo que la humanidad gasta en armamento podríamos erradicar las causas del hambre en el mundo.

Por otro lado, producimos el 60% más de los alimentos que necesitamos para alimentar a la humanidad entera, el problema no es el producir más alimentos sino el acceso a los alimentos.

El sistema agroalimentario en el que estamos inmersos en estos momentos permite desperdiciar una tercera parte de la producción mundial de alimentos. Esto es un atentado contra la humanidad y las generaciones futuras.

La agricultura es la transformación de los recursos naturales del planeta (limitados y perecederos): tierra, agua, aire, diversidad biológica y energía en alimentos. Estos recursos naturales los tenemos en préstamo para uso y disfrute no solo de esta generación, sino de todas las que vienen después. Resulta más evidente si analizamos estas cifras sobre la producción y cantidad de recursos que hemos utilizado: 1400 millones de hectáreas de tierra fértil, 28 veces la superficie de España, 250km cúbicos de agua (la cuarta parte de agua dulce utilizada en el planeta para agricultura y alimentación), 300 millones de barriles de petróleo. Dejamos fuera los datos de la contaminación ambiental que genera esta producción. Estamos acabando con los recursos para que las generaciones venideras puedan seguir alimentándose.

En nuestro mundo no se puede permitir por más tiempo el desaprovechamiento de alimentos a todos los niveles. Desde el consumidor hasta el productor, no podemos consentir que haya toneladas de alimentos desperdiciándose constantemente.

Un estudio de la FAO muestra cómo a nivel internacional la producción local, familiar y a pequeña escala, desperdicia muchísimos menos alimentos. Por lo tanto, aunque si bien es cierto que la agricultura extensiva produce más, en proporción alimenta menos y, sobre todo, se trata de no depender de factores que no podamos manejar o de grandes multinacionales. Habrá que apoyar tecnologías apropiadas, pero poniendo el énfasis en la agricultura familiar, en aquella que nos permite mantener la capacidad de autoalimentarnos.

Como consumidores tenemos una enorme responsabilidad, queramos o no estamos en una sociedad de consumo, y queramos o no, el consumo hoy es el motor de la humanidad. Por eso considero que consumir es un acto político, cuando elegimos qué consumir estamos priorizando un sistema de producción frente a otro y, por tanto, un tipo de sociedad frente a otra.

Carlo Petrini, presidente de Slowfood Internacional, dice que cuando vamos a comprar alimentos tenemos que pensar en tres factores: que sea bueno en el sentido nutritivo y organoléptico, que sea limpio desde el punto de vista medioambiental, es decir, que se haya producido de una forma amigable con el medio ambiente, y que sea justo desde el punto de vista social, en otras palabras que en su producción se haya tratado a la gente como personas y que se hayan pagado salarios justos. A estos tres factores podríamos añadir también que se haya producido a nivel local y estacional.

Sé que como consumidores nos falta información en las etiquetas, pero es nuestro derecho estar informados sobre lo que compramos. Hasta hace unos pocos años en los alimentos envasados no aparecía ni el valor nutricional. Si no lo hacemos por nosotros, por lo menos hagámoslo por nuestros hijos, nietos, sobrinos… Una sociedad que no tiene en cuenta las generaciones venideras es muy fácil que termine en un suicidio colectivo.

Tenemos que ver el carro de la compra como carro de combate, tenemos que ser conscientes del poder que tenemos como consumidores. Os invito a reflexionar sobre el tema y a agradecer tremendamente lo que tenemos, a aportar nuestro granito en la medida que sea posible.

Miguel de Unamuno: «Una utopía lo es hasta que 5 personas consideran que es posible, porque a partir de ese momento es una posibilidad».

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Alimentos para la regulación hormonal de las mujeres

Los desequilibrios hormonales suponen una preocupación para la mayoría de mujeres. El incremento de patologías relacionadas con el sistema endocrino está aumentando considerablemente y repercute de forma especial en las mujeres. Acercarse al entendimiento del sistema hormonal es un desafío para cualquier persona. Muchos terapeutas habitualmente intentan separarse de este sistema o realizan intervenciones poco concretas por la falta de conocimiento y la dificultad de realizar un análisis y tratamiento preciso.

En este artículo quiero empezar a abordar la complejidad de este tema y comentar algunas pautas nutricionales que ayudan a regular el nivel de hormonas y que se pueden incluir fácilmente en la dieta habitual.

Regulación hormonal para la mujer

Desequilibrios hormonales femeninos

Como mencionaba anteriormente, gran parte de los desequilibrios femeninos están generados por el sistema endocrino y dentro de éste por el grupo de hormonas sexuales. La más conocida y representativa es el estrógeno. Muchas patologías y síntomas como son los desequilibrios de regla, amenorrea, dismenorrea, metrorragias, quistes, miomas, migrañas, ansiedad, retención de líquidos, estreñimiento, etc., están modulados por los estrógenos.

Uno de los problemas más comunes de los estrógenos es su acumulación. Puede ser por:

  • Se generan demasiado (Aromatasa).
  • Problemas con los trasportadores.
  • Se eliminan poco.
  • Se eliminan mal.

Para poder realizar una actuación eficaz lo primero sería conocer el estado del sistema endocrino de la persona a través de una analítica o de diagnóstico médico. También es importante valorar los síntomas y la constitución de la mujer (aquí entraría la parte genética y polimorfismos), así como evaluar dicho estado de una forma menos concreta.

Si realmente existe un problema de excesos de estrógenos que quisiéramos corregir, las primeras pautas serían nutricionales. Existen alimentos que aumentan los estrógenos y otros que frenan su generación o que ayudan en su eliminación.

Alimentos reguladores de cambios hormonales

Por ejemplo, tenemos alimentos con capacidad de frenar la aromatasa, que es una enzima convertidora de estrógenos, como son: Setas y champiñones, ajo y cebolla por la quercitina, verduras con sulforafanos como el brócoli, col, chucrut o el resto de verduras crucíferas. El trigo sarraceno, algas, arándanos y frutas del bosque. La uva negra también es uno de los alimentos recomendados para introducir habitualmente en la dieta reguladora.

De la misma forma hay alimentos que tienden a elevar los niveles de estrógenos y no solo de forma directa, sino que lo harán por diferentes rutas, a veces hormonales y en otras ocasiones inflamatorias y digestivas. La cerveza, carne roja, leche, azúcar y trigo son los más importantes. Por tanto, retirar cantidades de estos alimentos e introducir en los menús semanales los alimentos para frenar la aromatasa, será una de las cuatro formas de reducir los estrógenos en tu organismo. Una sugerencia de menú sería la siguiente:

Alimentos para la regulación hormonal femenina

Desayuno

Zumo verde de manzana y espirulina con jengibre y tortitas o crepe de trigo sarraceno.

Comida

Ensalada verde con setas y pollo ecológico.

Salteado de brócoli con puerro y ajo.

Cena

Crema de calabaza y zanahoria.

Salmón con verduras y papillote.

Otros platos a introducir pueden ser:

  • Sopa de miso con shitake.
  • Ensaladas de hortalizas.
  • Tortillas de setas y algas.
  • Pasta de trigo sarraceno con mejillones.
  • Sardinas al horno con cebolla pochada.
  • Crema de alcachofas o alcachofas rehogadas.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo introducir alimentos reguladores. La idea fundamental es empezar a eliminar aquellos alimentos habituales que están estancados en nuestros hábitos y que no permiten que el sistema digestivo o el endocrino puedan funcionar correctamente.