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Bizcocho de Zanahoria y Calabacín. Gran aporte energético

Hoy tenemos una propuesta irresistible: un delicioso Bizcocho de zanahoria y calabacín que tiene un sabor y una textura increíbles. Muy fácil de preparar, es una opción saludable para el desayuno o la merienda.

Bizcocho de zanahoria y calabacínEl bizcocho de zanahoria y calabacín es perfecto para personas con alto rendimiento físico y que necesitan un gran aporte energético como son deportistas, niños, embarazadas… También es una opción perfecta para las personas que tienen debilidad por los dulces y necesitan saciar su necesidad física o psicológica de azúcar con un postre sano. Desde el punto de vista nutricional es muy rico en fibra, provitamina A, ácidos grasos esenciales omega 9, hierro y vitaminas del grupo B.

En esta receta utilizamos el bicarbonato en vez de la levadura. Esto se debe a que el bicarbonato alcaliniza el organismo, lo que contrarresta el aporte de azúcar integral. Además, así es apto para las personas que no pueden tomar levadura.

Nosotros te lo recomendamos para desayunar o como merienda en los días de fiesta. Como postre es demasiado contundente.

 

Ingredientes para 8 personas:

125 gr de avellanas molidas
100 ml de aceite de oliva
200 gr de azúcar integral
1 pizca de sal marina
1 cucharadita de ralladura de limón
250 gr de harina integral de maiz
3 cucharaditas de bicarbonato

200 gr de zanahoria pelada y rallada
200 gr de calabacín pelado y rallado
Un puñado de pasas
1 cucharada de canela molida
1 cucharada de jengibre en polvo
1 cucharadita de clavo molido
Media cucharadita de nuez moscada molida

Preparación

Bate juntos todos los ingredientes. Vierte la masa en un molde, forrado con papel de hornear, dejarla reposar un par de horas, y alísala. A continuación hornea en torno a  1.15 horas a 175 grados, o hasta que lo pinches y el cuchillo salga limpio. Una vez pasado este tiempo, sácalo del horno pero déjalo en el molde, sobre una rejilla, hasta que se enfríe. Espera a que esté frío antes de cortarlo.

Sugerencias

En lugar de utilizar 250 gramos de harina integral de maíz, puedes utilizar 125 gramos de harina integral de espelta y otros 125 gramos de harina de centeno.

Si no tienes calabacín, puedes hacer un bizcocho sólo de zanahoria, poniendo 400 gramos de zanahoria rallada. También, si lo quieres probar, queda muy bueno solo con calabacín (400 gramos).

Se conserva perfectamente una semana en la nevera, sin embargo, se va resecando poco a poco. Si prevés que no vas a consumirlo entero, córtalo en trocitos y congélalos individualmente. Cuando quieras descongelarlo, ponlo en el frigorífico durante un día entero. En verano si se deja fuera del frigorífico se puede secar mucho.

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Alimentación y emociones, fuerte conexión

Alimentación y emociones es un tema apasionante. El vínculo entre uno y otro es sumamente estrecho y a su vez un gran desconocido para muchos, o algo de lo que no se es muy consciente.

Cuando hablamos de alimentación es habitual pensar en una necesidad de saciar el hambre o de cuidar la salud a través de un determinado tipo de dieta, pero la alimentación es algo mucho más complejo que se entrelaza con fuerza con las emociones.

Alimentación y emocionesNuestro cerebro es muy sensible a la presencia o ausencia de determinadas sustancias, lo que nos predispone a actuar de una manera u otra. Seguro que te has sentido más de una vez arritado/a por no tener café, chocolate, patatas fritas o algo dulce a tu alcance. Y seguro que si lo piensas, más de una vez te has sentido reconfortado/a tomando un consomé calentito, una buena raja de sandía o una refrescante ensalada.

Hay ciertos alimentos que por sus cualidades energéticas y consumidos en exceso potencian en nuestro organismo una reacción emocional negativa; nos hacen más irascibles, impacientes y enfadados a pesar de que parece que nos calman al instante, algo que es solo un espejismo. Este es el caso del café o el alcohol. Utilizar la comida como escape o analgésico de determinadas situaciones o emociones es algo más que habitual en la sociedad actual.

La calidad de nuestra sangre depende de la alimentación y de la capacidad de nuestro organismo de asimilación, transporte y eliminación. Cuanta más calidad tenga nuestra sangre, más claridad emocional tendremos. El hígado se encarga de la eliminación de tóxicos, si nuestra alimentación está cargada de tóxicos, grasas saturadas, fritos, alimentos desnaturalizados, comida en exceso…, no va a poder realizar bien su función. El resultado de este exceso puede ser que nos sintamos irritables, nerviosos o con ansiedad, algo que se suele manifestar en gritos, mal humor o malas contestaciones y que puede llevarnos a enfermar.

Pero a su vez casi todas las alteraciones emocionales tienen un reflejo en el modo en que nos alimentamos. Si te paras a pensar un momento seguro que para ti hay una serie de alimentos que están asociados a afectos placenteros, recuerdos entrañables, ternura… De ahí que cuando se necesita aliviar la tristeza o pena se tienda a consumir ese alimento especial que hace sentir bien al rememorar recuerdos bonitos.

La alimentación y las emociones están tan unidos que en caso de sufrir algún problema tanto alimenticio como emocional sería un error no tener en cuenta esta sinergia de fuerzas, por supuesto sin dejar de analizar otros factores. Como muy bien y sabiamente dijo el filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach, “Somos lo que comemos”. No hay nada como comprobar de que forma cambia el carácter cuando se modifica la dieta. De eso no nos cabe ninguna duda.